Letra: Tatsurou
Música: Miya
Traducción: MUCC-Chile
Pequeñas hortensias junto a los árboles, vías oxidadas que se extienden en paralelo.
Camino descalzo por la hierba y, al levantar la mirada, un cielo estrellado sin luna.
Un panorama inundado por estrellas fugaces, destellos de decenas de miles de años luz.
Los dioses de la mitología griega adornan con lentejuelas el profundo cielo azul.
Con las puntas de los pies mojadas, levantas la mirada al cielo.
Tu mano, que tomé con la palma aún sucia.
No olvidaré el verdadero color del paisaje que amabas.
Pero ahora hasta el polvo de estrellas brilla demasiado.
Amor mío que tiemblas conteniendo las lágrimas.
La mano que tomé era dolorosamente cálida.
No olvides la belleza del futuro que soñaste.
Una lluvia de estrellas fugaces, estrellas que desaparecen, tu sonrisa.
Cúlpame por haber bloqueado tu cielo.
Al mirar ahora hacia ese cielo, ¿qué estarás pensando?
Amor mío que tiemblas conteniendo las lágrimas.
La mano que tomé es delgada y frágil.
Tus lágrimas, al caer, se convierten en estrellas.
Llenan este cielo y ahora se transforman en estrellas fugaces.
Cielo azul, estrellas que lo colorean, vías empapadas por el rocío nocturno.
Entre los viejos durmientes de las vías, efímeras flores blancas de cuatro pétalos albergan vida.
Como si nuestras manos unidas no quisieran separarse.
Como si nuestros dedos entrelazados no quisieran soltarse.
Estrellas fugaces caen desde lo alto,
una lluvia nocturna de comienzos de mayo.
Camino descalzo por esta tierra inmaculada, guiándome únicamente por estas vías.
La mano que tomé es cálida,
dentro de mi palma todavía sucia.
Un panorama inundado por estrellas fugaces, camino con las puntas de los pies mojadas.
Para que nuestras manos unidas no se separen.
Para que nuestros corazones unidos no se rompan.