Danzetsu (Quiebre)

Letra y música: Miya
Traducción: MUCC-Chile
 


Una mañana, algo despertó de repente
al muchacho, todavía adormecido.

Aunque no podía creerlo,
la incertidumbre lo llenó de tristeza,
y se obligó a pensar en otra cosa.

El tren se acercaba poco a poco.

Incluso las cosas que tanto amaba
comenzaron a parecerle simples almas,
y aquella atmósfera, tan distinta de lo habitual,
empezó a asustarlo.

Para entonces, todo aquello
ya se había convertido en parte de su vida cotidiana.

Era cuando más feliz se sentía;
aquel lugar era para él
un parque de diversiones y un zoológico.

El niño había aprendido a sentirse satisfecho
incluso en aquel entorno tan extraño.

El pequeño, que todavía no conocía
la realidad de que las cosas pueden «terminar»,

recibió una respuesta
demasiado cruel y despiadada.

Cuando aún ni siquiera había terminado de formarse
una imagen clara de las personas,

sus recuerdos quedaron abruptamente cortados
en aquel mundo compuesto solamente de
«me gusta» y «no me gusta».

A medida que caía la noche,
todo comenzó poco a poco a cambiar.

Todos intentaban desesperadamente
rellenar el lugar donde se había abierto una grieta.

Pero la profunda, profundísima brecha de aquel muchacho,
que vomitaba una y otra vez,

terminó deformándose
hasta convertirse en algo
que ya nada podía llenar.

Cuando abro la puerta,
el paisaje que conocía está completamente blanco.

Un silencio ensordecedor,
como nunca antes había oído,
resulta insoportablemente doloroso.

La habitación de hospital que tan bien conozco
es demasiado grande para mí solo.

Y, por alguna razón,
las sábanas nuevas
hacen aún más profunda la tristeza.

La flor junto a la ventana
me resulta inexplicablemente querida.

En el bloc de notas
solo quedan palabras escritas con tristeza.

La cama, que debería estar tibia,
está irremediablemente fría.

Aunque abra la puerta,
nunca volveré a encontrar
aquel mismo paisaje.

Adiós... ¿?

Adiós............