Letra y música: Miya
Traducción: MUCC-Chile
Caído del cielo,
una palma incapaz de aplaudir,
un insecto rojo y ciego.
Cuando se posa en la orilla del lago de akane,
ese pulso comienza a danzar.
Elevándose con la lluvia,
luchando bajo una luz a punto de extinguirse,
un arcoíris se extiende
al otro lado de aquel puente.
Cuando miles de gotas, danzando en el cielo,
hagan florecer las flores, entonces...
Sin sensación, sin existencia,
los fragmentos que deberían desaparecer,
ahogados en un sueño...
Alcé la voz diciendo:
«Quiero nacer».
Aquella noche,
alabanza.
Si clamas porque deseas amor,
muéstrame el mundo que existe allí.
Entregué mi cuerpo a la lluvia que caía danzando,
esperemos a que florezcan las flores.
Que la lluvia nocturna sea nuestra compañía.
Que la lluvia nocturna sea nuestra compañía.
Al otro lado del lago,
tú sonreíste y me saludaste con la mano.
Sabiendo que era un deseo imposible de cumplir,
yo te devolví el saludo.
Si lloras porque te falta amor,
muéstrame la oscuridad que existe aquí.
En medio del pulso que cae danzando,
esperemos a que florezcan las flores.
Puedo reír,
dentro de tu pulso,
para siempre.
*«Akane» se refiere a un tono rojo intenso, tradicionalmente asociado al color rojizo del cielo al atardecer.